Sangre y Hemoderivados: conceptos básicos.

Si quieres saber cómo administrar correctamente la hemoterapia, no puedes perderte la siguiente saga sobre transfusión de sangre y hemoderivados.
Principal_Sangre_Hemoderivados

Conocer las bases sobre la hemoterapia es clave para una correcta administración de la misma.  Hablábamos sobre ello en el post de Fluidoterapia: trasfundir sangre o hemoderivados a un paciente es un procedimiento delicado en el que se han de tener en cuenta numerosos factores antes, durante y al final del procedimiento.

Para no empezar la casa por el tejado, vamos a repasar o aprender las nociones básicas sobre qué es la sangre y los hemoderivados.

Características de la sangre

¿Alguna vez te has preguntado qué es la sangre? Si has visto la serie animada “Érase una vez el cuerpo humano”, seguro que te haces una pequeña idea recordando que la sangre estaba compuesta de varios grupos celulares (glóbulos rojos, blancos y plaquetas) y nutrientes. Los glóbulos rojos que eran protagonistas de la serie se llamaban Hemo y Globina, y se pasaban media película transportando O2 y CO2 alternativamente. Os dejo un video de esta serie sobre el corazón, donde explican bastante bien el flujo sanguíneo de este órgano.

En términos científicos la sangre se puede definir como un tejido circulatorio conectivo especializado con determinadas propiedades. Su olor y sabor es muy característico (la gente suele decir que «la sangre sabe a hierro») y su densidad oscila entre 1.056 y 1.066.

El color rojo tan característico de la sangre viene otorgado por la hemoglobina, cuya labor es la de transportar el O2 y parte del CO2.

ANUNCIO

Volemia sanguínea total

No todos tenemos la misma cantidad de sangre corporal, ya que esta varía en función de factores como la edad, el peso, el sexo o la altura, pero sí podemos afirmar que constituye la onceava parte del peso corporal en un adulto sano. Aproximadamente un adulto tendría entre 4,5 y 6 litros de sangre (así que ya sabéis que los vampiros los prefieren grandotes).

pH sanguíneo

La sangre tiene un pH comprendido entre 7,1 y 7,4. Más bajo de 7,1 resultaría en acidosis y superior a 7,4 estaríamos hablando de alcalosis, ambas situaciones a evitar. En concreto, un aumento del CO2 acidificaría la sangre, lo que haría disminuir la capacidad de la hemoglobina para acarrear el O2.

Funciones de la sangre

Como hablamos en otras post como fisiología respiratoria o tipos de shock, la sangre tiene una serie de funciones importantes en el organismo, como son:

  • Transporte celular de O2 y nutrientes, extrayendo de ellas los productos de desecho resultantes del metabolismo celular.
  • Transporte de hormonas procedentes de las glándulas endocrinas.
  • A nivel intracelular interviene en los procesos de ósmosis y equilibrio ácido-base.
  • Participa en la termorregulación corporal, enfriando órganos importantes cono el hígado y los músculos, o contribuyendo a calentar la piel.
  • Desempeña un papel importante en la defensa del cuerpo contra microorganismos patógenos.
  • Es capaz de generar hemostasia ante un sangrado mediante medidas de coagulación.
El pH sanguíneo oscila entre el 7,1 y el 7,4. Por debajo de esas cifras el cuerpo se encuentra en acidosis y por encima en alcalosis. Clic para tuitear

Como hemos comentado anteriormente, la sangre está compuesta por elementos celulares (hematíes, leucocitos y plaquetas) que se encuentran suspendidos en una solución líquida llamada plasma.

Estos elementos suponen el 45% de la volemia corporal total, lo que se conoce como el valor hematocrito de la persona. El 55% restante recibe el nombre de plasma, tiene un color amarillento  y está compuesto por agua y sales.

Elementos celulares de la sangre

Los elementos celulares que encontramos en la sangre se pueden dividir en tres grupos principales:

Hematíes

Los hematíes, eritrocitos o glóbulos rojos son las células sanguíneas que se encuentran en mayor número y proporción en la sangre, rondando el 96%. Se generan de forma continua en la médula ósea de huesos largos o planos y su vida media es de 120 días. Sus valores en el organismo se sitúan entre 4,7 y 4,9 x 1012/L en mujeres adultas; y 5,4 a 5,6 x 1012/L en hombres adultos.

Los glóbulos rojos son células que no poseen núcleo, y son muy flexibles, capaces de atravesar los capilares y liberar el O2 que portan, ya que están diseñados para facilitar el intercambio gaseoso con el medio que les rodea. Cuando alcanzan la madurez tienen forma ovalada, como un disco con una depresión central, y su diámetro es de 7 micras. Contienen la hemoglobina (90% del hematíe), como hemos visto antes, responsable del color de la sangre.

Leucocitos

Los leucocitos o glóbulos blancos son los principales responsables de la defensa del organismo frente a sustancias tóxicas o agentes infecciosos. Se les denomina “blancos” ya que este tipo de células no contiene pigmentos.

Igual que los eritrocitos, los leucocitos son generados en la médula ósea en forma de células indiferenciadas e inmaduras, y pueden evolucionar en tres tipos:

  • Granulocitos: primera línea de defensa frente a los patógenos, son los neutrófilos, basófilos y eosinófilos (en función de la tinción que adopten al exponerlos a un microscopio).
  • Monocitos: es el leucocito de mayor tamaño, llegando a medir 18 μm, y representa del 2 al 8 % de los leucocitos en la sangre. Se encargan de eliminar células u organismos que han sido rodeados por anticuerpos (se diferencian en macrófagos una vez salen de los capilares sanguíneos y se localizan en tejidos). Fagocitan (devoran) al invasor. El sistema fagocítico mononuclear (SFM) está constituido por los monocitos circulantes y los macrófagos tisulares.
  • Linfocitos: existen tres tipos de linfocitos. Los linfocitos B, responsables de la producción de anticuerpos; los linfocitos T, responsables de la inmunidad celular; y los linfocitos NK o asesinos (del inglés natural killers), encargados de las células tumorales y cancerígenas.

Plaquetas

Son células pequeñas no nucleadas producidas en la médula ósea y cuyo papel es fundamental en la hemostasia. Su función es clave en la formación del tapón plaquetario mediante la interacción con los factores de la coagulación.

Plasma sanguíneo

A la mezcla de agua, sales, proteínas, aminoácidos, hidratos de carbono, hormonas, enzimas, anticuerpos, lípidos y gases en disolución donde están inmersos los elementos que hemos comentado en el punto anterior se le conoce como plasma. A pesar de este batiburrillo de cosas, su principal componente es el agua, que representa del 90 al 92% del plasma.

Podríamos describirlo como una sustancia amarillenta, salada, ligeramente alcalina (7,4) y además de encargarse del transporte de eritrocitos, leucocitos, plaquetas y nutrientes, también recoge sustancias de desecho de las células.

Las proteínas que encontramos en el plasma sanguíneo son de suma importancia, ya que constituyen entre el 7 y el 8% del plasma y su presencia hace que la sangre sea más viscosa que el agua (x 6 veces más). Las proteínas plasmáticas con la albúmina, las inmunoglobulinas y los factores de coagulación:

Albúmina

La albúmina es una proteína producida por el hígado que ayuda a mantener un volumen plasmático constante. Constituye alrededor del 50% de las proteínas plasmáticas. La elevada concentración de la albúmina en el plasma ejerce una presión oncótica significativa, que mantiene el agua y los solutos dentro de los vasos. Como funciones tiene el control del pH y la unión significativa con los iones de calcio, además de transportar varias sustancias por el cuerpo, por ejemplo, hormonas, vitaminas, bilirrubina, fármacos y enzimas.

Inmunoglobulinas

Otro tipo de proteínas, que también reciben el nombre de anticuerpos, altamente específicas producidas por los Linfocitos B en respuesta a antígenos específicos.

Por si tenéis dudas, un antígeno es una sustancia que puede ser reconocida por el sistema inmunitario adaptativo, bien sean propias o ajenas (por ejemplo, una vacuna inyecta antígenos de un virus para generar una respuesta del sistema inmune).

Las inmunoglobulinas se fijan en los microorganismos, facilitando su destrucción mediante fagocitación por los macrófagos.

Se han identificado nueve clases distintas de inmunoglobulinas humanas: cuatro de IgG, dos de IgA, IgM, IgE e IgD.

Factores de la coagulación

Son proteínas que circulan por el torrente sanguíneo de forma inactiva, pero al activarse participan y forman parte del coágulo sanguíneo. Son trece los factores de coagulación, nombrados con números romanos, todos ellos necesitan de cofactores de activación como el calcio, fosfolípidos. Una vez que se activan, se catalizan unas a otras siguiendo una secuencia ordenada en forma de cascada, lo que tiene como resultado la formación de un coágulo de fibrina.

Tras asimilar estos conceptos básicos sobre sangre y hemoderivados, lo siguiente que debemos aprender es el sistema ABO y el sistema Rhesus, o también conocido factor Rh.

Para ello he creado un nuevo post, cortito pero muy explicativo, así que no te lo pierdas la semana que viene.

Nos vemos en el blog, ¡Chao!

Bibliografía:

  1. Arribas Cachá, A. A; Borrego de la Osa, R; Morente Parra, M. Guía de intervención enfermera: fluidoterapia intravenosa. FUDEN 2006. págs: 97-103
  2. Coagulación. Fuente Wikipedia. Consultado el día 13/10/20. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Coagulaci%C3%B3n
  3. Cortés Fadrique, C.; Del Trigo Méndez, P.; Veiga Frá, R.; Sánchez Bermejo, R.; Rincón Fraile, B.; Fernández Centeno,
  4. En torno a los hemoderivados. Enf Global 37. 2015.págs: 23-37. Consultado el 13/10/2020. Disponible en: http://scielo.isciii.es/pdf/eg/v14n37/clinica2.pdf

Photo by Narupon Promvichai, Pixabay; skeeze, Pixabay: Wikipedia CC.

Diana
Enfermera interesada en la difusión del conocimiento mediante las tecnologías 2.0. Actualmente Enfermera en Clínica Universidad de Navarra (CUN-Madrid). Anteriormente Atención primaria.