¿Qué es enfermería?

¿Sabes qué es enfermería? Despeja tus dudas sobre una de las profesiones sanitarias más bonitas.
¿qué es enfermería?

Si te has preguntado alguna vez qué es enfermería, te recomiendo que sigas leyendo estas líneas escritas desde la experiencia, la ilusión, el dolor, la empatía… de una de tantas enfermeras que nos esforzamos día a día por mejorar el Sistema Sanitario en el que trabajamos.

Hoy os traigo un post distinto, con la evidencia del trabajo que profesionales como yo hacemos cada día durante nuestro periodo de vida laboral activa, e incluso muchas veces, fuera de ella.

¿Qué hace una enfermera?

Una enfermera es una persona que dedica su vida profesional al cuidado del paciente enfermo y a la prevención de enfermedades en la población sana.

Antes de nacer están a nuestro lado

Antes de nacer revisan los hábitos de nuestras madres junto con otros profesionales de la salud para ver que no nos falta ningún nutriente en el vientre materno, que estamos correctamente protegidos de enfermedades que puedan atravesar la barrera placentaria, ayudan a mamá a reconocer los signos de que algo no va según lo previsto, a atenuar los dolores de los pródromos, a despejar dudas y ofrecer una mano para que nuestra madre no se sienta sola hasta que otro familiar suba con nuestro kit de bienvenida (pañales, bodys, patucos…).

Nos siguen desde pequeños para ver que crecemos sanos

enfermera pediátricaEnseñan a nuestros padres en base a la opción nutricional que hayan escogido cómo deben alimentarnos (lactancia materna, artificial o mixta), cómo introducir los alimentos poco a poco sin que nos hagan daño, y detectar rápidamente si existe alguna alergia. Nos tallan y pesan, para ver que crecemos bien, y nos vacunan para que estemos sanos y protegidos contra microorganismos patógenos. Si algo no va bien ellas no tardan en hablar con los pediatras y juntos tomar las decisiones oportunas para solucionarlo.

A veces nos podemos caer y nos hacemos daño, pero ellas están ahí cuando nos llevan a la enfermería del colegio. Nos limpian y vendan las heridas mientras juegan con nosotros para distraernos y que nos duela menos. También si lo necesitamos pueden enseñarnos cómo ponernos la medicación, qué es eso de la pubertad y cómo entender y aceptar los cambios que van surgiendo en nuestro cuerpo a medida que crecemos. Incluso si estamos bajos de autoestima y nos vemos [email protected] aunque no lo estemos, intentan que nos aceptemos tal y como somos y veamos la belleza que hay en nosotros mismos.

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Ayudan a nuestros padres a asimilar nuestro ingreso

Si enfermamos y nuestros padres no saben qué hacer, están a nuestro lado para calmar su ansiedad e intentar buscar una solución efectiva a lo que ocurre. Procuran que los días y las noches que estemos ingresados en el hospital se nos pasen volando y no perdamos nuestra rutina de estudios y juegos. Junto con los demás profesionales trabajan para que, aunque estemos dentro del hospital, sigamos siendo niños y adolescentes.

Desde sacar sangre a enseñarnos cómo reconocer esos síntomas

Cuando alcanzamos la edad adulta, aún estando física y mentalmente sanos, la figura de la enfermera sigue tomando un papel importante. Esta labor se centra en mantener ese estado de salud mediante la prevención de enfermedades: nos enseñan a llevar un estilo de vida saludable, evitar hábitos tóxicos que pueden hacernos enfermar, nos orientan si algo estamos haciendo mal a la hora de tomar decisiones que afectan a nuestra salud… Nos revisan, nos toman muestras o nos enseñan cómo tomarlas, nos curan las heridas producto de un accidente o una intervención, nos llaman a casa después de salir del hospital para ver cómo nos va todo o si necesitamos algún consejo en materia de salud.

Si tenemos que pasar por el hospital…

enfermera y técnico en cuidados con pacienteEn el hospital nos explican aquello que no nos quedó claro después de hablar con el médico sobre la prueba que nos van a realizar, están junto a nosotros si tenemos miedo o si nos preocupa para que no nos sintamos solos. Si el dolor aparece, vienen al oír nuestra llamada y nos ayudan a frenarlo con la medicación o mediante medidas no farmacológicas para hacernos sentir mejor. Cuando se hace de noche pasan despacito y con mucho cuidado de no despertarnos a ver cómo estamos, si tenemos dolor, si necesitamos hablar porque nos hayamos desvelado o si nos apetece un vaso de leche caliente.

Pueden pasar fácilmente 8 horas o más sin beber gota de agua a veces con tal de llegar a todo y no dejar trabajo para el siguiente turno. Pero si se puede, un poquito de café les activa para afrontar ese carro de medicación con más de 3 fármacos intravenosos por paciente, más pastillas, más heparinas… Quizá encuentre 5 minutos para ir al baño XD

¡Algún día perderán un zueco!

Nos monitorizan estrechamente si estamos muy malitos y a veces tienen que enfrentarse a una maraña de sistemas de infusión, bombas, nutrición, cables, electrodos, transductores… Siempre sin perder de vista que aunque todo se debe llevar a cabo con precisión milimétrica, si se hace con una sonrisa, o si nos hablan todos los días aunque parezca que no las oímos puede beneficiarnos enormemente. Ellas son las responsables de dejar de tratarnos como una patología y empezar a valorarnos de manera holística, teniendo en cuenta nuestros intereses biopsicosociales.

Y cuando estamos muy muy mal, ellas corren por los pasillos en busca del intensivista si creen que hay que activarse sin falta. No dejan que nos vayamos sin luchar y ponen toda la carne en el asador manipulando cables, jeringas agujas, ampollas, pinzas, palas, electrodos, gasas… ¡lo que haga falta para que sigamos aquí! Y aunque es triste, también suelen intuir, junto con los demás compañeros, cuándo es el momento de parar.

Para las buenas y malas noticias están ahí

Ellas comparten nuestra alegría cuando nos dan la noticia de que en la familia vamos a ser uno más, de que hemos vencido a esa enfermedad, de que la herida está cerrada, de que al fin nos vamos a casa o de que hemos llegado al objetivo que nos propusimos para sentirnos mejor y más sanos.

Y también nuestra pena cuando nuestros familiares se van, cuando nos dicen que tenemos “esa” enfermedad, que el camino será duro, que el pronóstico no es bueno, que hemos perdido la ilusión que esperábamos, o que no nos queda mucho tiempo.

Ellas saben cuándo necesitamos hablar, cuándo respetar nuestros silencios, si necesitamos un abrazo porque nos desbordan las lágrimas, si tienen que quedarse unos minutos más sentadas a nuestro lado porque no queremos estar solos… Nos pueden guiar sobre cómo manejar emocionalmente lo que nos ocupa y si nos desborda pueden recomendarnos a otros profesionales para que nos ayuden.

Y al final… también están

enfermera paliativosCuando llegamos al final de nuestros días ellas, junto con otros profesionales sanitarios, especializados o no en cuidados paliativos, tratan de que llevemos los días que nos restan en este mundo de la manera más humana, digna y en ausencia de dolor posible.

Cuidan de nuestras familias para que acepten y entiendan nuestra partida. Nos asisten de la cabeza a los pies todas y cada una de las necesidades que nos puedan surgir. Suplen las actividades básicas que no podamos llevar a cabo y, cuando llega el momento, intentan no prolongar nuestra agonía evitando caer en el encarnizamiento terapéutico. Hasta el final trata de que conservemos todos y cada uno de los valores que nos hacen humanos, aunque ya no seamos capaces ni de darnos la vuelta en la cama.

Siempre desde el respeto y la comprensión

Como vemos enfermería está en nuestras vidas más de lo que creemos. Nos cuidan y protegen nuestra salud teniendo siempre muy presente los valores humanos de la empatía, el respeto y el derecho a la intimidad. Pueden no estar de acuerdo con nosotros, pero nos acompañaran en el camino siguiendo siempre el principio de beneficencia y no maleficencia. Quizá no tengamos los mismos puntos de vista, los mismos hábitos, la misma religión, los mismos valores o la misma forma de entender la enfermedad, pero sí que debemos tener una cosa segura: Pase lo que pase las profesionales de enfermería van a estar a nuestro lado.

¿Qué se espera de una enfermera?

Una enfermera debe ser humana, simpática, profesional, empática y sobre todo, vocacional.

Para garantizar una asistencia de calidad una enfermera nunca puede dejar de estudiar y actualizarse, buscando siempre la evidencia de lo que hace.

enfermera interculturalMuchas veces tiene que luchar contra los obstáculos del sistema, la pérdida de información de un servicio asistencial a otro, la diferencia de criterios a la hora de abordar un mismo problema, el intrusismo profesional, el maltrato por parte de los pacientes, familiares y otros compañeros del sector, la falta de reconocimiento, la inestabilidad laboral…

Pero también recibe mucho más por todo lo que hace sin pretenderlo: recibe el cariño y la satisfacción de ver resultados en el proceso que ha andado junto con el paciente, el agradecimiento del propio paciente y los familiares por haber estado al pie del cañón. A veces nos hacéis notas que muchas de nosotras conservamos como oro en paño, incluso sabiendo que a veces ya no estáis, otras nos intentáis agradecer todo lo que hemos hecho por vosotros y vuestros familiares con regalos y flores que no debemos aceptar, pero que significan muchísimo más allá del aspecto material, el impacto positivo que hemos tenido en vuestras vidas.

¿Por qué ser enfermera?

Quien es enfermera nunca deja de ser enfermera, aunque no esté trabajando o se haya jubilado.

Intentamos, por nuestra salud mental, que todo lo que pasa en el trabajo se quede en el trabajo, muchas veces no podemos evitar pensar qué tal estaréis llevando el proceso al que os enfrentáis o si habrá sido efectivo los cambios que hemos acordado poner en marcha.

Se hace duro salir un martes por la noche del trabajo dejando a M. P., una señora muy dulce de 82 años que había ingresado por neumonía y que estaba estable en la habitación 115B, y el jueves por la mañana ver su cama ocupada por otro paciente. Tras preguntar, te enteras que M. P., la anciana de Zaragoza que tenía un nieto que jugaba como un crack al futbol y una sobrina que quiere ser enfermera como tú, ha fallecido el miércoles por la tarde.

Y por otro lado, cada vez que bebes el café en la taza que te regaló la mamá agradecida de tu paciente con problemas respiratorios de 6 años, te acuerdas de lo maravillosa que era A. y su familia, y de los progresos que iba haciendo poco a poco con sus patología. O cada vez que abres el joyero y al lado de tus pendientes encuentras la carta en inglés de aquel paciente mayor que aprovechó la esquina de una servilleta para agradecerte que le hicieras más llevadera su estancia porque ya no iba a poder despedirse de ti, y que tus compañeras te habían guardado con cariño hasta que empezases tu siguiente turno.

Por todos y cada uno de los momentos en los que tu ayudas al paciente y su familia, y ellos te ayudan a ti, por todos los ratos que pasas con tus compañeros enfermeros, técnicos, médicos, sanitarios, no sanitarios, etc. que sumados son casi tantos como los que pasas con tu familia, por todo lo que vives y te hacen vivir, por ello merece la pena ser enfermera y formar parte de la enfermería.

Os animo a que comentéis qué es para vosotros la enfermería y ser enfermera, pues todas las voces merecen ser escuchadas.

Nos vemos en el blog, ¡Chao!

Photos by silverlilackuwait, NurseSXY, Sohrab Tavakoli, marciapevey

Diana
Enfermera interesada en la difusión del conocimiento mediante las tecnologías 2.0. Actualmente Enfermera en Clínica Universidad de Navarra (CUN-Madrid). Anteriormente Atención primaria.